LAS APORTACIONES A LA DEMOCRATIZACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS FERROCARRILERO Y MÉDICO

Publicado el 04 Marzo 2022
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• Cuarta sesión del Seminario Movimientos Sociales Siglo XX y XXI que ahora abordó el tema de esas movilizaciones, puesta en marcha por la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, secretaria de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación

Las aportaciones a la democratización política del movimiento ferrocarrilero y médico, surgidos en tiempos del desarrollo estabilizador, el legado de Valentín Campa y la resonancia de otras movilizaciones como la de los telegrafistas y maestros, fueron parte de las deliberaciones de un encuentro más del Seminario Movimientos Sociales Siglos XX y XXI, organizado por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI). Con el tema de “Movimiento ferrocarrilero y Movimiento médico”, la cuarta versión de este foro fue puesta en marcha por la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, titular de la SECTEI. Participaron expertos de la UNAM: los doctores Román Moreno Soto, de la FES Aragón; María de la Luz Arriaga Lemus, de la Facultad de Economía, y Ricardo Pozas Horcasitas, del Instituto de Investigaciones Sociales.

En la bienvenida, la doctora Ruiz Gutiérrez resaltó la relevancia que los movimientos sociales han tenido en la Ciudad de México, iniciando con la Revolución Mexicana que, sin duda, fue paradigmática para el país. Aunque también figuraron otras movilizaciones subsecuentes, fundamentales para entender lo que hoy es esta ciudad, dijo. En el curso de la sesión, la titular de la SECTEI preguntó a los ponentes por la influencia de Valentín Campa. “Fue un personaje muy muy significativo no solamente de estas luchas, sino cuando el charrazo de 1948 y resultó como uno de los encarcelados. Posteriormente, tuvo una gran participación en el llamado tortuguismo de gran importancia en varias secciones del gremio”, apuntó Moreno Soto. También figuró su participación en el Partido Comunista y las luchas de entonces. No olvidemos su intervención en las reformas de los 70 y el Congreso de entonces, indicó.

En el corolario del encuentro, la doctora Ruiz Gutiérrez refirió que el conversatorio fue seguido virtualmente por la nieta de don Valentín Campa, Manuela Álvarez Campa, a quien saludamos con mucho cariño. “Tanto María de la Luz como yo fuimos compañeras de Raúl y de la “Chata” Campa, hija de don Valentín”, rememoró. En su participación, el doctor Moreno Soto señaló que el movimiento ferrocarrilero tuvo una resonancia importante en la Ciudad de México, lo que representó un impacto significativo para el desarrollo de los trabajadores capitalinos. El escenario de aquella época, añadió, fue la política denominada del desarrollo estabilizador, una estrategia que atravesó tres sexenios a partir del inicio de los 50. Entonces, el sistema ferroviario estaba articulado en prácticamente toda la República Mexicana por Ferrocarriles Nacionales de México. “La Ciudad de México era el epicentro de ese sistema en materia de movilidad de carga y de pasajeros”.

El también coordinador del Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias del Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero de la Secretaría de Cultura, explicó que el inicio del proceso entonces fue la modernización. Se derivó del sindicato en la década de los treinta y fue de largo aliento con ciclos significativos: el de 1958 y el de 1959, cuyo antecedente fue el charrazo de 1948, cuando Jesús Díaz de León, apodado el charro, asaltó las oficinas del Sindicato Ferrocarrilero de la capital, por un grupo de cien policías vestidos de civiles. A partir de ese momento, se denominó charrismo sindical al proceso de injerencia al interior de los sindicatos por las estructuras autoritarias corporativas. “El legado del movimiento sentó las bases de la lucha por la democratización a nivel político y económico en nuestro país. En la ciudad, por ejemplo, dejó una huella que es fundamental recuperar”. La doctora Arriaga Lemus, por su parte, explicó que la movilización médica de 1964-1965 fue una lucha por el reconocimiento como trabajadores para mejorar sus condiciones de trabajo y el derecho a la organización. No fue una movilización estrictamente gremial y salarial, sino por alcanzar el reconocimiento como trabajadores.

En esta época se registraron tres movimientos fundamentales para comprender lo que después fueron las luchas de muchos trabajadores de la Ciudad de México y del país: telegrafistas, ferrocarrileros y maestros. Surgió como reclamo de las condiciones en las que operaban los internos y los residentes, la parte más vulnerable de la estructura laboral del sistema de salud de esos años. De acuerdo con la especialista, un elemento que influyó para la aparición de este movimiento fue el proceso de proletarización, incluso ya con algunas instituciones consolidadas como el IMSS, que se fundó en 1943, y el ISSSTE, en 1960. También, desde su inicio concitó mucha fuerza por la legitimidad de sus demandas y el reconocimiento social. Buscaron la interlocución con el presidente en turno (Díaz Ordaz) para la resolución del conflicto, pero la respuesta fue aceptar el diálogo con los paristas, aunque él delegó en directores de hospitales la resolución con la idea de dividirlos y dispersarlos; hubo despidos, represión y listas negras. Aunque también se recurrió al charrismo sindical que por mucho tiempo fue la correa de transmisión para controlar a los trabajadores.

El doctor Pozas Horcasitas, en tanto, se remontó a los antecedentes históricos esa movilización que fueron, principalmente, el desarrollo estabilizador y la expansión de la seguridad social. Estuvo vinculado estrechamente a cuatro conflictos sucedidos en 1958: el ferrocarrilero, el magisterial, el de telegrafistas y el de petroleros. Frente a ellos, el gobierno de López Mateos respondió con la represión para legitimarse, y con la idea de incorporarlos al sistema de seguridad social. Pozas Horcasitas indicó que, en la década de los sesenta, solo el 17 por ciento de la Población Económicamente Activa de la ciudad era sindicalizada. Estar en esa condición en México, precisó, era verdaderamente un privilegio. Hacia 1964 había 15 mil 600 estudiantes de medicina repartidos en 20 instituciones con un alto nivel de concentración demográfica en el entonces llamado Distrito Federal.

En 1964 hubo un fenómeno relevante: la pauperización de los profesionales egresados de las instituciones de educación superior. La estrategia gubernamental consistió en la fragmentación del grupo médico. Los años sesenta, resumió, constituyeron un periodo de politización de la sociedad mexicana que culminará en 1968, años en los que se deteriora acentuadamente la imagen presidencial.